Desde la producción artesanal hasta la producción industrial en masa, las marcas siempre han tenido una gran importancia a la hora de comprar. Ya que no son, para nada, iguales. Cada casa tiene su característica, ¿pero realmente merece un objeto, por sólo ser de una determinada marca, valer mucho más de lo que cuesta su proceso de fabricación?
Este pensamiento venía a mí una y otra vez, y hablando con un amigo sobre las Chuck Taylor All-Star Converse conocidas a secas y vulgarmente como Converse (lo correcto sería chucks) decidí que tenía que plasmar mis ideas. Si uno pienso, ¿realmente unas zapatillas de caucho, lona y a-saber-tú-qué puede costar la friolera de 50 euros? Si fabricarlas cuesta 10€ como mucho, y menos si están hechos por niños explotados en Camboya. Bien, pues para comprender el hecho de que las Converse sean tan caras hay que hacer un poco de historia.
Marquis M. Converse abrió en 1908 un negocio de zapatos llamado “Converse Rubber Shoe Company“. Pero no sería hasta 1915 cuando empezó a fabricar calzado deportivo. En 1917 la historia de los zapatos iba a cambiar, pues fue en ese año cuando se introjeron las Converse All-Star dedicadas para el baloncesto, cuando este deporte sólo tenía apenas 25 años.
Más tarde, en 1921, un jugador de baloncesto llamado Charles H. Chuck Taylor se dirigió a la empresa con un dolor de pie. Converse le concedió un empleo, y desde entonces, Charles H. Chuck Taylor trabajó arduamente mejorando las zapatillas hasta 1969, año de su muerte.
Durante la Segunda Guerra Mundial en 1941, Converse produjo todo tipo de material para los pilotos y las tropas. Ampliamente conocidas durante los años 50s y 60s, en los 70s comenzó a perder el monopolio debido a grandes multinacionales como Nike, Reebook o Adidas, que introdujeron diseños radicales en los zapatos. Converse dejó de ser los zapatos oficiales de la “National Basketball Association” y llegó a la quiebra en 2001. En 2003 fue comprado por Nike a cambio de 305 millones de dólares.
Pienso que 45 años de trabajo no merecen ser pagados por 10 €. Y ahí está la cuestión, que parece muy sencillo decir que cualquier tontería de la moda actual lo puede inventar cualquier, y para todos aquellos que piensen esto, ¡adelante! Venga, ¿a qué esperáis para haceros tan asquerosamente rico como Amancio Ortega? Si la ropa es tan simple de diseñar, adelante. Con esto no estoy defendiendo a las empresas, que de hecho se aprovechan de otros países cuyos costes de elaboración son ínfimos y luego venden a diez veces más. Y en el caso de Zara, digamos que los diseñadores intentan copiar dejarse influir por las grandes marcas como Versace, Gucci, Armani, D&G, etc. Respecto a estas últimas, quién se lo puede permitir, adelante, usted está gastando dinero en un diseño que fue creado por un artista formado, eso en la teoría.
Sin embargo, defiendo en la compra de productos artesanales, claro está, la economía afecta. Por regla general, la ropa confeccionada individualmente suele sobrepasar los límites de nuestro presupuesto para comprar, ya que sale mucho más barato ir a cualquier tienda de Inditex a comprar una camiseta de una tira de 50.000 en el país que ir a una tienda pequeña y comprar una camiseta, que a pesar de no ser especialmente bonita, es única y hecha con cariño. Por eso también la ropa de pasarela es excesivamente cara, porque son modelos únicos, y la exclusividad no sale barata.
Lo que está realmente claro es que las marcas que en un principio se diferenciaban por su calidad, ahora, debido a la rapidez de los transportes y medios de comunicación, y por ello, la suma importancia de la imagen y la estética, sólo son marcas, que se hacen más o menos famosas por quienes las use (véase las camisetas de Custo, que se hicieron muy famosas gracias a las celebrities). Lo que realmente parece injusto es que los famosillos de turno no tienen oportunidad de vestir ropa de no-marca, recordad el incidente con el bolso de todo-a-cien de Kate Moss, pues parecen que tienen que estrenar ropa por cada gala a la que acuden. Esto sí que es derrochar dinero, y claro, mientras unos cuantos-varios-bastantes millones de familias se mueren de hambre en el mundo, unos deciden si es mejor vestir de negro o azul marino.
Solo una cosa más, y esto me lo dijo un amigo al que quiero mucho:
“Por cada céntimo que gastas, estás decidiendo quién manda en el mundo”