Tener a tu compañero de habitación teniendo sexo mientras tú te emborrachas con tu otro compañero y terminas bailando con tu amiga polaca felices. Al final, los dos que estaban consumando a la primavera también se acaban por unir. Lo pasas bien y te da todo un poco igual.
Dormir cero horas, estar consciente el día siguiente, dormir 13 horas el fin de semana.
Escaparse del colegio, ir de clubbing, estar bailando hasta las 4 de la mañana, montarse al tren, quedarse dormido, recorrer el mismo trayecto tres veces hasta que el señor de la limpieza de pincha con su dedo y te despiertas de golpe. Mientras, intentas no quedarte dormido hasta que llegues. Cuando llegas y te estás muriendo de sueño, no puedes dormir y lo único que tienes en la mente es tener sexo con la persona que más desprecias ignoras ahora mismo.
Darse cuenta de que este año académico ha acabado.
Tener frustación sexual, y a veces, más bien ahora siempre espiritual-emocional. Desear que tuvieras a alguien a quien mirar con los ojos más sinceros con los que has nacido y combustionar en amor.
Me gusta la palabra gélido.
Querer ser un gato cuando llueve para poder acurrucarse en una esquina de tu cama y ronronear.
Dormir 4 horas, levantarse para hacer hiking, perderse, llevar a un lugar con carteles chinos del que solo entiendo “NO PASAR”, botellas en el suelo y un perro que no para de perseguirte, ver una casa, un coche, y sobre 4 perros más, gritar por ayuda, ser socorrido, ver más perros (sobre 9 eran en total, de los grandes), salir del pueblo de casas rotas y todoterrenos 4×4 y llegar a la carretera para luego sentarse al suelo y echarse agua para aliviar las heridas y picaduras que tengo en mis piernas.
Surrealismo.
Estas son mis cosas un poco surrealistas.
Continuará.