Una de las palabras que más uso en inglés es weird. Raro.
Nunca me ha gustado mucho usarla. Es vacía, insignificante e impersonal.
Cuando no sabemos qué decir, decimos “that’s weird” o “so weird”. Pero no entiendo por qué las cosas son tan raras. Casi como una palabra comodín la usamos cuando nos extrañamos o no sabemos muy bien como actuar. Pienso que la palabra rara es inapropiada en la sociedad en la que vivimos y debería ser erradicada de la faz de la tierra. Porque alude al exclusivismo o fanatismo, a las clases sociales, a categorías y esteriotipos con las que vivimos o quizás nos gustaría vivir. Simplificar. Eso es, somos unos simples. Sin embargo, yo soy raro y tú también.
Todos queremos ser diferentes, pero al mismo tiempo iguales. Queremos ser extraordinarios, pero no “especiales”. No queremos ser un bicho raro, desalienado de toda regla o moral, sino un héroe entre masas. No queremos ser raros o raritos.
¿Acaso no somos todos raros? Al final todo son apariencias que uno no quiere mostrar, que oculta… Tenemos miedo a ser etiquetados, pero somos unos hipócritas. Unas grandes cabezas huecas. Al final nadie sabe lo que pienso ni siento ni nada de nada. Nadie sabe nada ni de mí, ni de ti, ni del señor que vende periódicos. ¿Somos nosotros nosotros,o somos lo que queremos ser, o somos lo que otros nos perciben o somos una mera ilusión?Cuerpos llenos de electricidad o vacíos. Palabras inocentes o intenciones sangrientas.
Marionetas. Somos Marionetas, pero he roto los hilos. Me he caído y me he abierto la cabeza como una lechuga. Pero al menos puedo liberar las lechuzas en mi cabeza. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH. Dolor de cabeza. ¿Por qué todos no nos rompemos las cabezas? Así podríamos hacer una ensalada.
Quizás esté delirando porque no entiendo la existencia. Entender quizás sea una palabra demasiado grande. Lo correcto sería decir no he encontrado las excusas ni motivaciones. Soy un raro. Un raro a quién le gustaría amar y odiar. Hacer el amor con quién quiera, y gritar, chillar y romperme una cuerda vocal. Pero la verdad, es que vivo en mi propio mundo mágico, una utopía en donde yo soy un protestante con bozal.
Grito en silencio.
Así es como me siento últimamente, raro…
Yuan Chen
