El miércoles fui a mi primer restaurante mexicano. El local se llama “Chilam Balam” y queda en la calle Don Padre Rúa 11 de Vigo. El local es discreto y muy íntimo, quizás 4 o 5 metros cuadrados sin contar el baño y la cocina. La decoración es agradable y con un toque elegante e informal a la vez. Los platos eran blancos y cuadrados (del tipo zen), y los cubiertos eran metálicos brillantes. Además en las mesas habían un portavelas de los que tienen forma de vaso, y en él había una vela encendida lo que le da un carácter romántico. El servicio fue excelente y un precio equivalente a la calidad de la comida.
Como aperitivos tomamos nachos con 4 tipos de salsas; una algo picante, una más bien barbacoa, otra de hierbas (Creo) y una de cebolleta y pimientos. Luego pedimos unas gringas, son una especie de pan de pita cubiertos de lechuga, ternera o pollo, tomate y algo que sabía muy bien y no sabía qué era. También pedimos unas quesadillas de todos los sabores que había, y yo pude probar el de queso mozzarella fundido, otro de diferentes tipos de tomate y otro con carne. Como plato final comimos unas tortitas con queso fundido y lomo. Después de un descanso y una divertida charla sobre el final de Harry Potter (evidentemente tiene que morir nuestro personajillo principal) y sobre otros menesteres, rematamos con un rica tarta de chocolate blanco, la cual venía acompañada de una flor dibujada con caramelo. Me bebí mis últimos tragos de zumo de hamaica y fuimos a dar un paseo por el centro de la ciudad. Ahora reformado con las flores y luces da bastante gusto verlo. Algo tenía que hacer bien la Porro.
