Yuan Chen

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Última estación: Restaurante Mexicano!

In Cosas on June 22, 2007 at 11:36 pm

El miércoles fui a mi primer restaurante mexicano. El local se llama “Chilam Balam” y queda en la calle Don Padre Rúa 11 de Vigo. El local es discreto y muy íntimo, quizás 4 o 5 metros cuadrados sin contar el baño y la cocina. La decoración es agradable y con un toque elegante e informal a la vez. Los platos eran blancos y cuadrados (del tipo zen), y los cubiertos eran metálicos brillantes. Además en las mesas habían un portavelas de los que tienen forma de vaso, y en él había una vela encendida lo que le da un carácter romántico. El servicio fue excelente y un precio equivalente a la calidad de la comida.

Como aperitivos tomamos nachos con 4 tipos de salsas; una algo picante, una más bien barbacoa, otra de hierbas (Creo) y una de cebolleta y pimientos. Luego pedimos unas gringas, son una especie de pan de pita cubiertos de lechuga, ternera o pollo, tomate y algo que sabía muy bien y no sabía qué era. También pedimos unas quesadillas de todos los sabores que había, y yo pude probar el de queso mozzarella fundido, otro de diferentes tipos de tomate y otro con carne. Como plato final comimos unas tortitas con queso fundido y lomo. Después de un descanso y una divertida charla sobre el final de Harry Potter (evidentemente tiene que morir nuestro personajillo principal) y sobre otros menesteres, rematamos con un rica tarta de chocolate blanco, la cual venía acompañada de una flor dibujada con caramelo. Me bebí mis últimos tragos de zumo de hamaica y fuimos a dar un paseo por el centro de la ciudad. Ahora reformado con las flores y luces da bastante gusto verlo. Algo tenía que hacer  bien la Porro.

Sábana o Sabana

In Cosas on May 30, 2007 at 9:24 pm

Margarita solía dormir todas las noches con sus treinta y cuatro muñecos de diferentes formas y tamaños. Cada uno tenía su nombre: Fanty, Tuffy, Paty, Osy y unos treinta más terminados en y. Antes de acostarse, los contaba uno por uno y si faltaba alguno, no había cuento que pudiese consolarla. Al final, el perdido muñeco aventurero aparecía debajo de la cama aplastado por unos cuantos libros o entre los cajones de ropa recién planchada. Ya metida bajo las sábanas de estrellitas amarillas, los contaba de nuevo y empezaba a charlar con ellos como si pudiesen entenderla o incluso aconsejarla en la vida amorosa de la tan querida niña.

Mientras Margarita dormía plácidamente soñando con flores silvestres y ángeles sonrientes,  Annakiya se tapaba como podía con la fina manta de cuero sobre la ardiente sabana junto a su madre de delicada belleza.